Participación activa en tu comunidad

La participación activa se basa en el principio de que las personas que realizan un trabajo deben ser responsables de su control y coordinación. Que participen activamente en la comunidad, que se integren en el proceso de toma de decisiones sobre los asuntos que les afectan directamente a ellos o a la comunidad en la que viven.

Para comenzar a tener una participación activa en la comunidad, te sugerimos desarrollarte en las siguientes áreas:

Identidad
La ciudadanía se construye en un lugar y sociedad específicos. Por eso, ser un buen ciudadano requiere conocer la historia de ese lugar. Ese conocimiento debe ser crítico, es decir que se deben tener en cuenta las diferentes versiones de los hechos.
Conocer la situación geográfica, las riquezas culturales y naturales del lugar, sus puntos fuertes y debilidades ayuda también a formar la identidad.


Información
Un buen ciudadano también debe estar informado de los eventos actuales de su comunidad. Decisiones políticas, económicas, sociales y culturales son tomadas por gobernantes pero también pueden ser tomadas por colectivos de ciudadanos. Por eso un ciudadano debe estar al tanto de los debates y problemas reinantes.


Pensamiento crítico
Actualmente un ciudadano puede tener acceso a mucha información y una amplia diversidad de opiniones. Un buen ciudadano analiza esa información, exigiendo pruebas y argumentos.


Participación
Involucrarse en las decisiones de la comunidad es una forma de participación.
La información analizada críticamente permite actuar a partir de ese conocimiento. La participación puede tener muchas formas, desde compartir información hasta involucrarse en las decisiones de la comunidad. En cada lugar existen diversas formas de participar, no sólo en organismos de gobierno sino también en ámbitos más pequeños y privados como colegios, empresas, organizaciones, etc.


Ética y bien público
La ética permite identificar los valores reconocidos por la comunidad y también descubrir aquellas acciones que siguen presentes en la comunidad a pesar de ir en contra de esos valores. La ética impulsa a velar por el bien público y rebelarse ante las actitudes o comportamientos que lo perjudican.
Velar por el bien público incluye principalmente velar por aquellas personas más débiles (ancianos, niños, enfermos, etc.). La ley es la herramienta oficial con que cuenta cada comunidad para definir aquello que está en contra de sus valores. Por eso, un buen ciudadano se apega a la ley.


Respeto por la diversidad
Los puntos de vista diferentes al propio enriquecen la visión del ciudadano. En toda comunidad existen diversas creencias y religiones, orientaciones sexuales, ideologías políticas y costumbres. Todas esas posturas deben ser respetadas, y su único límite debe ser el impuesto por la ley.
Además de que este respeto permite una vida comunitaria pacífica, la interacción con personas de puntos de vista diferentes al propio enriquece la visión del ciudadano y fortalece su actitud crítica.


Respeto por los derechos humanos
Los derechos humanos son las condiciones instrumentales que permiten la realización de los individuos. Incluyen una serie de libertades, facultades y reivindicaciones que corresponden a todos los seres humanos, sin importar su edad, sexo, religión ni ninguna otra característica o situación a la que esté sometido.


Respeto al medio ambiente y a los animales
Un buen ciudadano fomenta las buenas acciones en su comunidad.
Existe una multitud de acciones y comportamientos a través de las cuales un ciudadano puede cuidar el medio ambiente y a los animales. Además de organizaciones específicas de defensa del ambiente y de los derechos animales, en las cuales puede participar, hay pequeñas acciones (tratamiento de residuos, ahorro de agua y de energía, etc.) que puede realizar diariamente. Un buen ciudadano no sólo se limita a realizar estas acciones por sí mismo, sino que además las fomenta en su comunidad. Los animales silvestres y domésticos deben ser respetados y protegidos.


Rechazar la violencia
La ciudadanía se erige sobre un contexto de legalidad, por lo que todas las acciones de un buen ciudadano se desarrollan de forma pacífica. Los buenos ciudadanos encuentran la forma de participar en la comunidad y exigir los cambios necesarios a los organismos gubernamentales sin ejercer la violencia. Además, un buen ciudadano rechaza la violencia ejercida por otros, denunciando los casos de los que es testigo y ayudando a las víctimas.


Cooperación
Todas las características de un buen ciudadano solo tienen sentido en un contexto de cooperación con sus conciudadanos para no limitarse a simples acciones individuales. La cooperación con otros ciudadanos permite lograr modificaciones significativas para toda la comunidad.
De manera individual, un buen ciudadano siempre se mantiene dentro de los límites de la ley. Pero al mismo tiempo puede organizarse colectivamente para promover cambios en la legislación para que la misma sea más acorte al respeto de la diversidad, los derechos humanos, el medio ambiente, etc.



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